Una mosca vuela en círculos por la habitación, por aquí, por allá... Los arábigos formados por su patrón de vuelo me conmueven tanto como las líneas de cualquier dibujo. Como artista, es parte de mi naturaleza el ser distraído por las líneas ... aquellos trazos borrosos que pasan agitadamente frente a mí; líneas que tiemblan y se confunden. No puedo ignorar aquellas líneas que me conectan con la mosca con la misma firmeza con que me conecto a las líneas diestras de un dibujo de Picasso, o a los alegres garabatos de un niño.
Aquellas líneas de vuelo me transportan más allá del mundo de la sensación pura. Hacen que me pregunte sobre los procesos invisibles que llevan a su creación. ¿Abrá aquí algún tipo de análisis complejo, o la mosca sólo responde instintivamente a un flujo de sensaciones -- calor, hambre, intensidad de luz, olor- que constantemente inundan su pequeño cerebro?
Al meditar sobre estas cuestiones con dolor me percato de la ineficiencia de las herramientas que nos han ofrecido la ciencia y el arte. Se me ocurre que ni la una ni el otro me ayudan a entender lo que está pensando la mosca.
Los científicos me dirían que la mosca no está 'pensando', que de hecho es incapaz de la circunspección en el mismo sentido que los seres humanos. Señalarían que la mosca repite una y otra vez los mismos errores chocando repetidamente contra el vidrio de Ia ventana sin entender lo sólido del cristal. Para los científicos, la mosca no es más que un robot orgánico ejecutando compulsivamente un programa bastante sencillo sin enbargo jamás han logrado hallar ese programa, aún cortando a la mosca en los trozos más diminutos.
Por otro lado, la cultura del arte le ha otorgado a la conducta de la mosca una atención mínima. Al creer que los principios que forman el mundo no-humano son inaccesibles, irrelevantes u obsoletos, los teóricos culturales nos han dicho que enfoquemos nuestra atención sobre los matices de la subjetividad humana; que la mosca sólo importa como imagen, como icono, como una metáfora ocasional de la existencia humana.
La presente exposición, A Life of Its Own Una vida por su cuenta, se rebela contra estas formas de pensamiento. En contraste al rol tradicionalmente asignado al arte no se consentra en las apariencias o en las metáforas, si no en las fuerzas y cualidades que existen bajo la superficie de las cosas...los torbellinos y flujos invisibles del mundo de la informática. A diferencia de la ciencia arrogante, paga tributo a los procesos vivos, pequeños y grandes; a los manipuladores más experimentados y sutiles de ese mundo.
Esta no es una exposición en donde reine triunfante la expresión personal del artista. Aquí los artistas ceden intencionalmente el puesto a un fenómeno que se denomina 'conducta emergente'. Esto requiere la creación de trabajos cinéticos dotados con principios de acción e interacción para lograr que su conducta sea fundamentalmente indeterminada.... ¡ conducta que ni siquiera sus propios creadores pueden predecir! . Al poner en marcha sus aparatos, los artistas permiten que las implicaciones imprevistas de su obra se manifiesten por sí solas. Pareciera que, al concebir la obra, cada artista estuviera formulando una pregunta en vez de expresar una opinión. Lo cierto es que el principio fundamental del arte de 'conducta emergente' es el deseo de trascender la intención propia. Es un asunto extraño y paradójico --¡Intencionalmente crear un sistema que ignore la voluntad de uno! Esto separa al arte de conducta emergente de una categoría más amplia del arte que se conoce como 'arte interactivo' (arte que responde) al mismo tiempo que resulta una sub-categoría de la misma. El arte interactivo, a su vez, se considera como una sub-categoría del 'arte cinético' (arte que se mueve).
Las tres categorías poseen un elemento de imprevisibilidad, pero únicamente las obras de la primera categoría son caracterizadas por la decisiva necesidad del creador de trascender la 'intención'.
Sin embargo, esto no implica que la progresión paso-a-paso del arte estático/cinético/interactivo/emergente sea más que un estrechamiento de enfoque. Si le agregamos arbitrariamente el movimiento... o la interactividad... o una conducta emergente.... a una obra de arte, esto no significa que la obra será inmediatamente mejor; ¡podría decaer! Finalmente, lo que realmente importa es la respuesta a la vieja pregunta: ¿Esta cosa me ayuda a descubrir o a ver con otros ojos, algún aspecto cruciaI de mi existencia?
Este estrechamiento de enfoque nos abre un camino hacia un campo nuevo y fértil para la exploración artística. En una época donde la discusión alrededor del pos-modernismo es ya un tema viejo, tal apertura es bienvenida. El estudio de conducta emergente tiene mucho que enseñarnos. Nos muestra que las reglas que gobiernan los sistemas auto-organizadores y las dinámicas de información en general son tan básicas e invisibles como las leyes fundamentales de la física. Ya estamos descubriendo que el caos no surge al azar, sino que contiene un abundancia de patrones. Quizá un día podremos descartar algunos conceptos y etiquetas que le hemos otorgado a las cosas, como por ejemplo; causa y efecto, materia y energía, objetividad y subjetividad, partículas y onda, el yo y el otro.
La tecnología electrónica juega un papel importante en Con una vida por su cuenta ya que permite que los artistas puedan distanciarse del control directo. Me parece gracioso e irónico que en un mundo donde la tecnología es considerada como una herramienta para maximizar el control, aquí tenga el propósito contrario.
Existe, además, otra forma en que los artistas de la exposición rechazan las suposiciones de la búsqueda del poder en la cultura moderna. Aquí no se muestran sistemas complejos ni fuertemente seductores que intenten impresionar más que informar. Los que sí podemos observar es un conocimiento muy desarrollado por parte del artista de los diversos materiales y procesos, y una seguridad en que la obra de 'conducta emergente,' reducida a una configuración técnica más sencilla, es por lo mismo, más accesible.
Pero no olvidemos el mensaje fundamental de esta exposición: que el arte va más allá de la expresión personal; que se puede ganar mucho al no forzar los resultados. Las obras de esta exposición tienen conductas inesperadas, conductas formadas en parte por su configuración, en parte por su ambiente, y en parte por aquellos que las visitan. Esto crea una diversidad que nos hace consientes de que cada momento es único e irrepetible y permite, al mismo tiempo, que aparezcan espontáneamente nuevos significados dentro del diálogo entre el artista, el arte y el espectador. La falta de control es algo que debe celebrarse. Es lo que le permite a cada una de estas obras una vida por su cuenta.